| "El arte, escribía Bergson, sin
duda no es sino una visión más directa de la realidad.
Pero tal pureza de concepción supone una ruptura con lo convencional,
un desinterés innato y localizado del sentido o de la conciencia,
en fin cierta inmaterialidad de la vida, lo cual siempre se ha llamado
idealismo. De tal manera que se podría decir, sin ningún
juego de palabras, que el realismo está en la obra cuando
el idealismo está en el alma, y que sólo es a fuerza
de idealidad como se vuelve a tomar contacto con la realidad."
(citado por Maximilien Gauthier, artículo sobre Despiau,
periódico "Le Populaire", noviembre de 1946).
Estas líneas se aplican perfectamente al arte de Charles
Despiau, definido por Anatole de Monzie como el "Donatello"
francés.
Gracias a una beca provincial de estudios, cursa primero en la
Escuela de Artes decorativas, luego en la de Bellas Artes en la
que se dará cuenta muy rápidamente de que "la
anatomía no es la escultura" (in Léon Deshairs):
"la glorificación de los biceps y de los triceps"
(ibid.) no le convenían. Acude cada día menos a la
Escuela (donde aprende las técnicas básicas), y más
bien visita los museos y trabaja mucho en casa.
La aventura, "la búsqueda apasionada que iba a llenar
toda su vida", según Deshairs, empieza con los amigos
benévolos y con su mujer Marie que le sirven de modelo con
una paciencia infinita. Una paciencia infinita porque Despiau trabaja
sin contar las horas, sin esforzarse por agradar. Trabaja por y
para él y a veces refunfuña: "no tengo prisa.
Esto tomará un año si hace falta…"Al principio
de su carrera, Charles Despiau empieza exponiendo sus obras en el
marco del Salón de los Artistas Franceses, de 1898 a 1900,
Salón demasiado pomposo y ramplón que abandona rápidamente
por el de la Sociedad Nacional de Bellas Artes. Allí expone
a partir de 1901 hasta 1921.
Es
socio del Salón de la Sociedad Nacional de Bellas Artes en
1904. Lo deja por el Salón de Otoño, y después
por el Salón de las Tullerías del que es uno de los
fundadores y en el que expone con regularidad de 1923 a 1944.
En el Salón de Bellas Artes de 1907, Despiau había
expuesto el busto de Paulette que Rodin advirtió inmediatamente,
asegurándose su colaboración como ayudante. Despiau
trabajará para Rodin, y también por su cuenta, hasta
la guerra de 1914 cuando es movilizado en la sección de camuflaje
junto a numerosos artistas contemporáneos. Vuelve a trabajar
después de la guerra y, progresivamente, sin quererla ni
buscarla, adquiere una gran fama.
No cambia para nada su modo de vivir, modesto. Manda construir,
en 1930, el taller de la calle Brillat-Savarin – donde se
conserva aún una gran parte de sus archivos – porque
la Villa Corot, en la que vivía y trabajaba, había
de ser destruida.
Despiau nunca buscó la gloria que, sin embargo, acabó
por llegar en los años 20, gloria ampliamente coronada por
su propia exposición en la galería Brummer, en Nueva
York, en 1927.No rechazó la gloria, pero tampoco le interesaba:
el Apolo, la última obra que le encargó el Estado
en 1936, tenía que ser fundida en un bronce de seis metros
para ser erigida en la plaza del Museo de Arte Moderno, en París.
Estaba previsto que la estatua fuera colocada allí a fines
de 1938, una vez acabado el museo. Nunca estuvo lista a tiempo,
nunca estuvo verdaderamente terminada por otra parte y la sustituyó
el "Saludo de Francia a los Aliados", de Bourdelle.Algunos
vieron en el Apolo, cuando se realizó su primera fundición
póstuma, el "testamento artístico" de Charles
Despiau. El academicismo del Apolo se rinde claramente a la moda
de los años 30-40. Pero el conjunto de la obra del escultor
nos parece desmentir categóricamente a los defensores de
este "testamento artístico". Además, es
probable que el Apolo no fuese fundido cuando vivía Despiau,
simplemente porque el yeso no acababa de gustarle…
Sus obras figuran hoy en el inventario de más de treinta
museos en Francia: Centro Beaubourg y Petit Palais, en París,
y museos de Burdeos, Lyon, Grenoble, etc. También se encuentran
en más de cien museos y fundaciones del extranjero (en más
de veinticinco países), entre los cuales unos cuarenta museos
estadounidenses (Metropolitan Museum, Museum of Modern Art de Nueva
York), así como en el kunsthaus de Zurich, Stedelijk Museum
de Amsterdam…
La mayor colección, fruto en gran parte de los legados y
donativos de Marie Despiau y, después, de Marcelle Kotlar,
su prima, está reunida en Mont-de-Marsan, su ciudad natal,
donde se le ha dedicado un museo, junto a Wlérick.
Despiau
esculpió alrededor de ciento cincuenta obras: relativamente
pocas para una carrera de más de cincuenta años.En
ellas ponía tanta precisión, fijaba tanto su mirada
que el tiempo para ejecutarlas no contaba para él. Y si no
contaba para él, le hubiese parecido extraño que contase
para sus modelos: Despiau jamás esculpía sin su modelo.
Se conocen varios esbozos de yeso que, a veces, sólo varían
por modificaciones mínimas de un mismo modelo: Despiau se
detenía mucho en su búsqueda de la perfección
y de la belleza interior de sus sujetos.
Su modo de esculpir era clásico, en el sentido en que fue
el seguidor del arte griego, del arte romano, del resplendor de
la escultura italiana, toda ella finura, viva y expresiva. Nunca
se adhirió al academicismo de su época, como tampoco
lo hizo Rodin. Y cuando Despiau, trabajando por su cuenta, le decía
a Rodin: "yo no lo veo así", éste le contestaba:
"pues, hágalo como lo ve."
Sin ser nunca el discípulo ni el ayudante, en sentido literal,
de Rodin, quien respetaba en él al gran artista todavía
muy joven que era, Charles Despiau nunca tuvo discípulos.
En su taller acogía con gusto, paciencia, amabilidad y benevolencia
a los artistas que venían a verle y hablaba con ellos del
"oficio", de igual a igual, prodigándoles de buena
gana los consejos que le pedían.
Su obra consta de más de 1 000 dibujos, bajorrelieves, medallas,
figuras y bustos.Mencionemos a Assia, la más reproducida
y quizás su obra maestra, la Bacante, la Lectora para el
monumento a Victor Duruy, el Desnudo sentado, Eva, el Realizador,
el Apolo… La Niña de los Landes, la Señorita
de los Landes, su patria chica, Cra-Cra, la Adolescente. Mencionemos
también los retratos de la Señora Derain, de Maria
Lany, de Agnès Meyer, de la señorita Elie Faure, de
la Princesa Murat… y algunos retratos de señores: Claude-Raphaël
Leygues, su amigo Dunoyer de Segonzac, entre otros.
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